Dos tortolitos en Tortosa y el Delta del Ebro

Pasamos el San Valentín de 2015 visitando la ciudad romana de Tortosa y el Parque Natural del Delta del Ebro

Autora: Pilar

Mira que no nos gusta ser empalagosos pero como de escapadas (románticas) vamos entendiendo un poco, no podemos dejar escapar la oportunidad de una excursión muy especial. Así que, aprovechando tan comercial fecha, hoy contamos nuestra primera escapada romántica en San Valentín: Tortosa y el Delta del Ebro.

Cuando estudiabas Geografía de España en el cole recuerdo que siempre se hacía hincapié en la multitud de peculiaridades que tenemos. Cuando la profe mencionaba el Delta del Ebro seguro que la imaginación de cada uno volaba en direcciones opuestas. Nosotros nunca habíamos ido a Tortosa, aunque Carballo sí había visitado el Delta del Ebro. Cogimos el coche y desde Valencia, por la carretera de la costa, en casi dos horas nos habíamos plantado en Tortosa (Tarragona), una ciudad de unos 40.000 habitantes cuya historia se remonta a la época romana pasando por una influencia notable en la edad media, que incluso ha visto a los famosos Templarios en sus calles.

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Tortosa, en la zona del Bajo Ebro

Momento Carpi en Tortosa

En Tortosa sientes que viajas en el tiempo a una época muy lejana, prácticamente medieval. Mucha roca robusta, restos de una muralla que aguantó mucha historia a sus espaldas y un centro histórico con calles enrevesadas. En cada rincón se respira historia. Será porque en su momento fue antigua capital íbera y punto clave para periodos como el romano o la ocupación árabe. De hecho tiene una curiosa mezcla de barrios judíos, árabes y cristiano que merece la pena pasear buscando las referencias que aún quedan en los edificios.

 

 

Evidentemente Tortosa ha pasado por muchas épocas históricas y si vais buscando información en la oficina de turismo os hablaran de la ruta de las casas o Ruta Modernista, como la llaman en algunos casos. Es una ruta que recorre la ciudad viendo el conjunto de casas modernistas, eclécticas y algunos palacios que aún se conservan estupendamente y no tanto merece la pena por quién vivió en el sitio como la estructura, época o lo que representaba para la ciudad (la farmacia, el médico…). Esta ruta te lleva por gran parte de la ciudad viendo auténticas maravillas de la arquitectura de principios del siglo XX. Incluso hay alguna que se puede visitar.

Todo ello sin olvidar el famoso barrio judío por donde también hay algunas rutas curiosas y la joya de la corona, el Castillo de la Suda o de San Juan de construído en el Siglo X es un Bien Cultural de Interés Nacional y entre sus múltiples peculiaridades tiene el único cementerio árabe al aire libre de toda Cataluña además de unas fortificaciones muy entretenidas de visitar.

Nos alojamos a escasos minutos a pie del centro histórico de Tortosa. Nuestra primera visita, sin planearlo porque simplemente queríamos empezar a pasear y perdernos por las calles de Tortosa, fue precisamente el Castillo de la Suda o de San Juan (Sant Joan). Situado en el punto más elevado de la ciudad, su estructura da alojamiento al actual Parador de Tortosa. El castillo en su totalidad es un recinto al que se puede acceder y bien merece las vistas que te da de la ciudad y del Ebro. Allí fue donde vimos que el recinto tiene parte en ruinas, nos hicimos algunas fotos y Carballo se subió a uno de los cañones y, claro, con la perspectiva esto fue lo que pasó.

Carballo en Tortosa

La Catedral de Tortosa

Callejeando por la ciudad nos encontramos esta basílica-catedral de Santa María de Tortosa que estaba cerrada y no pudimos visitar, pero Carballo creyó conveniente inmortalizar el momento igualmente.

Tortosa-Carballo-y la iglesia

A dónde entramos de casualidad fue a un claustro anexo al muro de la catedral. A mi que me chifla el arte románico no paraba más que de ver elementos arquitectónicos. Los reconocía de cuando estudiaba en el instituto la asignatura pero me costaba recordar su nombre. Al parecer, bajo el claustro se construyó un refugio antiaéreo entorno a 1937, en plena guerra civil española, y dicen que se puede visitar. Nosotros no encontramos con la persona ni la entrada, así que nos quedamos con las ganas.

La Ruta por el Barrio Judío

Lo que choca de está ruta, pero al mismo tiempo es lo que más valor le da, es que la judería de Tortosa ha conservado intacta la mayoría de su estructura y algunos de sus topónimos se ven en la actualidad. Por ejemplo, negocios como la Carnicería judía o el Horno de la judería, hoy desaparecidos, mantienen su cartel y ubicación tal cual la época. Allí el gobierno que hubiera en el momento se aseguraba que la carne que se vendía fuera purificada y tratada como sus creencias religiosas establecían. En el Horno se elaboraba pan sin levadura y en ambos casos una familia distinta es la que gestionaba los beneficios de ambos negocios, algo que suponía importantes ingresos para la ciudad. Prácticamente todo se puede encontrar en la misma zona, por la calle d’en Fortó.

Visita al Delta del Ebro

Delta del Ebro

El Parque Nacional del Delta del Ebro es una maravilla de la naturaleza. Una riqueza natural propia con la que nos ha costado, como en todo, llegar a un punto de equilibrio entre respetar el espacio y su fauna y la explotación por parte del hombre. Desde Tortosa tardamos 25 minutos en llegar a la zona donde salen los ferrys que permiten visitar el Delta del Ebro o más bien la desembocadura del río más caudoloso de España.

Barco por el Delta del Ebro

Nada más aparcar el coche nos sorprendió el despliegue turístico de la zona, es una pequeña porción de Benidorm. A lo largo de una calle que lleva hasta el embarcadero había tiendas con todo tipo de souvenir (platos, vasos, ollas… de cerámica o barro, figuritas, escudos del Ebro…). Si sigues caminando das con una caseta donde sacar unos billetes para ver el Delta del Ebro dando un paseo en ferry por 10€, una vez allí no te puedes perder un barco que te acerca a la desembocadura del Rio Ebro, eso si, si haces como nosotros y no vas en verano, tómate un café calentito antes de partir. No nos arrepentimos de haber visitado la zona en Febrero pero seguramente hubiera sido infinitamente mejor en primavera o verano (lo digo por el viento y el fresquito). De hecho nosotros nos quedamos con las ganas de pasear con más luz o bañarnos en alguna de la playas del Delta del Ebro.

El paseo en ferry por el delta que llega hasta su desembocadura tiene una duración de unos 90 minutos y te lleva desde el embarcadero hasta el Mar Mediterráneo dejando a derecha e izquierda algunos humedales de los que se te van contando curiosidades. Cuando terminamos el crucero se nos ocurrió pasear por la zona habilitada, un paseo de unos 30-40 minutos en los que cruzas cañas y humedales hasta llegar algunas zonas recreativas. Fue un lujo hacerlo en Febrero porque estábamos completamente solos! No sabíamos lo que nos encontraríamos al seguir la senda pero el simple echo de pasear, observar la fauna y flora, hasta mirar al infinito del Mediterráneo fue más que suficiente.

Momento Carpi Delta del Ebro

Para comer no teníamos nada reservado ni comprado de antemano, pero sí nos habían recomendado comer en Casa Nuri. Nos dio la sensación que en Casa Nuri no paran de dar y dar comidas cada día (o al menos el fin de semana). No reservamos por lo que seguramente tuvimos suerte a la hora de pillar sitio. Evidentemente quisimos comer productos típicos de la zona, algo de pescado típico del delta y también pedimos paella. ¡Olé! ¡Salimos encantados! Para ser un sitio tan sumamente turístico no nos pareció caro y tienen uno de esos detalles que nos encanta; nos pusieron de postre extra un orujo de la zona.

 

Después de comer en el Delta del Ebro tocaba volver a Valencia y como la vuelta se nos hizo corta le pusimos la guinda final a esta escapada en San Valentín con la visita a una exposición sobre videojuegos en el MuVIM de Valencia llamada ‘Del tilt al byte’, allí además de quedarnos embobados (sobre todo Carballo) con toda la historia de las videoconsolas y la evolución de los videojuegos, nos dio tiempo a echar unas partidas en las máquinas que tenían allí operativas o flipar con la realidad virtual.

 

Y este fue nuestro viaje por San Valentín de 2015, dejaremos pasar un año para contaros la escapada que hemos hecho precisamente en el San Valentín de 2016. O no…

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